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Para frenar la alarmante reducción del 30 % de la población de dantas, científicos de la Universidad de los Llanos rastrean sus pasos en Puerto Gaitán, buscando claves para proteger los bosques y la biodiversidad regional.

Con el firme objetivo de fortalecer la conservación de la biodiversidad en zonas estratégicas, el proyecto de investigación “Estudio de conectividad del paisaje y uso de hábitat para Tapirus terrestris”, liderado por los docentes e investigadores Jorge Anthony Astwood Romero, Karen Giselle Rodríguez Castro, José Ariel Rodríguez Pulido y Jesús Manuel Vásquez Ramos, se centra en descifrar los movimientos y el uso del hábitat de Tapirus terrestris, danta o tapir, una especie cuya supervivencia está directamente relacionada con la salud de los bosques tropicales.

El tapir de tierras bajas es el mamífero terrestre más grande de Sudamérica y ocupa una gran variedad de ecosistemas, desde bosques húmedos tropicales hasta sabanas inundables. En la Orinoquía colombiana ha sido reportado en los departamentos de Arauca, Meta, Casanare y Vichada, territorios donde los ecosistemas naturales han sido fuertemente transformados por la expansión agrícola y ganadera. Este panorama ha generado una acelerada disminución de sus poblaciones, estimada en un 30 % durante las últimas tres décadas. Debido a esta situación, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica a la especie como vulnerable a la extinción, lo que resalta la urgencia de generar conocimiento científico que contribuya a su conservación.

La danta no es solo un habitante más de la selva; es considerada una verdadera “arquitecta del bosque”. Como dispersora de semillas a gran escala, su presencia contribuye a la regeneración natural de la vegetación y al mantenimiento de la biodiversidad. Sin embargo, su necesidad de amplias extensiones de territorio para sobrevivir la hace vulnerable frente a la transformación del paisaje, convirtiéndola en un indicador biológico clave del estado de conservación de los bosques tropicales sudamericanos.

“Estudiar la danta nos permite comprender cómo se conectan los paisajes naturales y cómo las especies responden a los cambios generados por las actividades humanas. A partir de esta información es posible diseñar estrategias de conservación más efectivas y sostenibles en el tiempo”, explicó el biólogo y docente Jorge Anthony Astwood Romero, líder de la investigación.

El núcleo de esta investigación se desarrolló en la vereda La Cristalina, en Puerto Gaitán, Meta, donde los científicos buscan generar información precisa sobre los patrones de movilidad y uso de hábitat de la especie. Identificar las zonas que utiliza con mayor frecuencia permitirá orientar acciones de protección y manejo del territorio basadas en evidencia científica.

La meta es generar información espacial y ecológica sobre el uso de hábitat y la conectividad del paisaje para Tapirus terrestris, mediante el uso de cámaras trampa, como base para la identificación de áreas clave de conservación y corredores potenciales en la sabana disectada de la Orinoquía colombiana.

“A través de esta investigación buscamos aportar información científica que permita no solo la conservación de la danta, sino también la protección del hábitat que ella ocupa y el de las demás especies que allí se encuentran, promoviendo un equilibrio entre el desarrollo y la conservación de la biodiversidad”, señaló la docente Karen Giselle Rodríguez Castro, coinvestigadora del proyecto.

Estudiar a la danta es, en última instancia, estudiar la salud de los ecosistemas que benefician a múltiples especies y comunidades humanas. Por ello, el “Estudio de conectividad del paisaje y uso de hábitat para Tapirus terrestris” se posiciona como una pieza clave en los esfuerzos por conocer la biología y ecología de grandes mamíferos, establecer herramientas de conservación y promover el desarrollo sostenible del territorio, teniendo como soporte la información científica para la toma de decisiones que permitan proteger la biodiversidad.

  

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